El franquismo no había infravalorado la universidad.Todo lo contrario....La enconada persecución que sufrieron los profesores universitarios desafectos al régimen...fue el resultado de un proyecto concebido con frialdad: la consolidación de un estado de anemia intelectual que sirviera de profilaxis ante el riesgo de futuras infecciones revolucionarias.
Este minucioso plan contó con la inestimable ayuda de los profesores más mediocres, que vieron en aquella sistemática aniquilación de la excelencia una oportunidad para ocupar cátedras, rectorados, decanatos y ministerios.
Durante cuatro décadas la universidad fue una institución fantasma.
Los jóvenes políticos de la democracia perdieron la oportunidad de corregir drásticamente esta situación en los primeros años de la transición -escribe Orejudo- o dicho con otras palabras de la entrevista al historiador Pablo Sánchez León, "la universidad no se democratiza sino que se expande".
Aquellos jóvenes de la transición comprendieron muy pronto que los partidos políticos, además de expresar el pluralismo ideológico en una sociedad democrática, son también una manera de ayudarse los unos a los otros....de que en su seno nadie camine solo.
En los años 70 muchos jóvenes profesores no numerarios -PNN- se habían afiliado al PSOE y en 1982, cuando ganó las elecciones, pasaron a ser funcionarios de carrera. Para el historiador Sánchez León esta estabilidad laboral tan precozmente conseguida explica por qué el régimen del 78 se ha mantenido durante tanto tiempo.
Antonio orejudo se refiere a este grave hecho en su libro más o menos así: "el atroz desmoche de la universidad republicana que saturó de mediocridad la institución, no desapareció con la democracia, sino que fue apuntalado por los penenes... Mediocres que medraron aprovechando que España era un erial".
Si nos ponemos en la piel de estos "privilegiados" de la primera mitad de los años 80 del siglo pasado, entendemos mejor cuando Sánchez León habla de una especie de conflicto de intereses, más bien de conciencia, entre la autobiografía de esta generación que llega al poder con la transición y su lectura de la historia que son responsables de transmitir.
Desde la piel de "no privilegiadas" de finales de los 80, las que encontramos la universidad cerrada y hemos sobrevivido profesional e intelectualmente como hemos podido, entendemos el juego entre gente inteligente a que se ha dedicado durante 30 años la generación que ocupó la universidad, como dice Sánchez León en la entrevista, "que se empeña en confundir las cosas. Singularizar lo que es general y generalizar lo que es singular. El mundo al revés"
Un mundo al revés que da pie a la genial historia de Un Momento de Descanso, que escribe el autor y su encantador protagonista, alejado de la universidad porque simplemente manejaba una idea muy poco restrictiva de esa cosa tan rara que llamamos realidad.
Un protagonista de la generación que encontró la universidad ocupada y que triunfa como escritor aprovechando la sabiduría profesional que hubiera debido transmitir en la universidad, en su rama de humanidades, el saber borrar las fronteras entre literatura y estudios literarios.
Porque, como explica Sánchez León, cuando se trata de transmitir entre generaciones, la pelea es por la autoridad.
Durante esta larga transición, poder y autoridad no han coincido en la universidad y, claro, no ha transmitido nada.
Marian

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