jueves, 5 de noviembre de 2015

Que la justicia nunca olvide nuestra muerte

Viernes trece de maldad
noche que desgarra el alma
noche que oculta tenaz
noche que sigue vigente
que no puedes olvidar
la noche que no pudieron
Miriam,Toñi y Desireé
volver a ningún lugar 

Pintó el terror en la noche
su reguero de verdad,
el miedo cobarde a sueldo
lo trata de emborronar
y un eco que el viento acuna
en un ciclo sin final:
¡Mamá!
que no pueda la justicia
nuestras muertes olvidar
¡Nunca
mientras que yo viva,
mi niña, se olvidará!

Dos delante y dos detrás
desde la ventana observa
que son hombres nada más
la mujer que se entretiene
desde su casa en mirar.
¡Si entran tres niñas al coche
alguna confianza habrá!

La fiesta de un instituto
dicen, destino final.
Nadie busca en la docencia
perfil que pueda encajar
y el eco del viento implora
¡Padre!
que no lo puedan borrar!
¡Nunca
mientras que yo viva,
mi niña se borrará.

Y transcurren siete días
antes de ir a preguntar
a quien con vida las viera
la misma tarde en su hogar:
¿tiempo para comprender
que al caso le convenía
más callar y obedecer?
La amiga dice a las ocho
su madre dice a las seis.
Nadie pregunta:
en dos horas
algo pudo suceder.
Nadie pregunta el descuadre
No hay tiempo, no hay interés
en proteger de lo malo
a Toñi, Miriam, Desirée

De todas las madres, hijas
y de los padres igual
Noviembre noventa y dos
viernes trece de maldad
noche de mil novecientos
que nadie piensa olvidar.

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